Fideos gruesos en un curry japonés espeso, con panza de cerdo y cebollín. Reconfortante, sin ser pesado.
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Una selección construida con precisión, técnica y respeto por cada platillo.
Fideos gruesos en un curry japonés espeso, con panza de cerdo y cebollín. Reconfortante, sin ser pesado.
Arroz cubierto de rib eye fino, cebolla caramelizada y shirataki. Sencillo, directo, satisfactorio.
Panceta braseada en salsa agridulce de piña, dentro de un bao esponjoso al vapor.
Caldo de soya profundo, chashu de cerdo, huevo marinado y nori. El clásico que no falla.
Atún sellado, marinado en la casa, con un toque cítrico que corta la grasa justo donde debe.
Empanizadas y doradas por fuera, jugosas por dentro. Cerdo o vegetales, tu decides.
Tres mochis rellenos de helado, en sabores rotativos de temporada. Pequeños, fríos, el cierre perfecto.
Ligero, esponjoso, casi flotante. El postre que no pesa después del ramen. Etiquetas: postre, cheesecake, ligero
Té verde japonés servido frío, sin azúcar añadida. Limpio, directo, para acompañar cualquier platillo sin competir con él.
El refresco japonés clásico, con su canica y todo. Nostalgia embotellada, servida bien fría.
Sake, licor de lichi y soda, con un toque floral. Ligero, para abrir la noche sin comprometerla.
Mezcal, yuzu y jengibre con un toque de chile serrano. El trueno que despierta la noche.
